martes, 23 de junio de 2009

El nacimiento del las hadas.


Erase una vez, cuando el mundo era joven y las ciudades apenas se merecía ese nombre, vivía un sabio alquimista, consagrado por completo a su arte, al que había dedicado la mayor parte de su vida. Vivía solo, sin apenas salir de su laboratorio, del que salían pócimas y remedios, que siempre servían para ayudar a todo aquel que lo necesitaba, sin pedir nunca nada a cambio; sus vecinos eran gente humilde. Una noche, llamó a su puerta un pobre hombre, llorando de desesperación porque su única hija estaba muy enferma y nadie sabía que tenía, y la pobre empeoraba a cada momento. El alquimista, conmovido por su dolor, accedió a acompañar al hombre e intentar salvar a su hija con su ciencia. Y quiso el destino que en cuanto el alquimista vio a la joven, se quedó prendado de ella, no por su belleza, sino por la serenidad que transmitía su mirada incluso en ese momento de sufrimiento. Sobra decir que el alquimista puso todo su saber en conseguir que la joven mejorara, aunque no tenía mucha esperanza que la joven fuera a enamorarse de él, que había pasado la mayor parte de su vida entre retortas y alambiques, y había dejado atrás su juventud hace ya tiempo...
Cuando la joven estuvo restablecida, tan agradecida estaba a aquel que le había salvado la vida, sin pedirles nada a cambio, que se ofreció a trabajar para él, cuidando de su casa y cocinando para él. Y la joven descubrió poco a poco, que lo que los sentimientos que al principio creía eran de gratitud hacia el alquimista, eran en realidad algo más profundo.

Y por supuesto, se casaron... Un bello día de primavera, en un claro del bosque...

El alquimista creía que no podría ser más feliz, hasta el día en que nació una preciosa niña, tan bella, vital y alegre como su madre...

Desgraciadamente, cuando la niña tenía 2 años, se declaró una epidemia en el pueblo, y la esposa del alquimista murió. Esta vez su ciencia fue insuficiente para salvarla. El pobre sintió que una parte de su corazón moría ese día, pero no podía olvidarse de su hija, y por ella enterró su dolor en el fondo se su alma y decidió hacer la vida de la pequeña lo más feliz que pudiera.

La niña crecía sana y feliz, era el ser más alegre y travieso que puedas imaginar. Su afición favorita era jugar en el claro del bosque sonde se casaron sus padres, entre las flores y las mariposas, de las que siempre estaba rodeada.

Pero, por desgracia, un día cuando jugaba en el bosque, tuvo la mala suerte de que un cazador que perseguía a su presa, la confundiera con un animalillo, y una flecha acabó con su vida.

Esta vez sí que el pobre alquimista se volvió loco de dolor. Se encerró en su laboratorio, y empezó a mezclar ingredientes sin control, como si esperara que alguna de esas formulas le devolviera a su hija perdida...

Cuando se serenó, decidió utilizar su ciencia para crear un ser tan alegre y vital como su niña, pero que la muerte no pudiera arrebatarle...

Se dedicó a mezclar en una retorta todas y cada unas de las cosas que más gustaban a la niña: pétalos de rosas, jazmines, girasoles, le añadió la dulzura de la miel, polvo de estrellas, rayos de sol y de luna y no podría faltar, polvo de alas de mariposa.

Pero por mucho que trabajaba en ello, nada daba resultado. Hasta que una noche, agotado de cansancio, se quedó dormido sobre sus fórmulas y tuvo un sueño extraño. Soñó que su niña, toda vestida de blanco y brillante como una estrella, se inclinaba sobre la retorta donde había mezclado los últimos ingredientes, y soplaba sobre ellos, luego se inclinaba sobre su padre dormido y le besaba en la frente...

A la mañana siguiente, al despertarse el alquimista, recordó el sueño, y corriendo fue a la retorta, estaba cubierta de lo que parecían mariposas. Al acercarse a mirarlas, con los ojos llenos de lágrimas, se dio cuenta que en realidad no eran mariposas, eran pequeños seres (parecidos a bebés), pero de su espalda salían alas de vivos colores, como las mariposas... Las pequeñas criaturas revolotearon alrededor del alquimista, y salieron volando, siguiendo los rayos del sol...

El alquimista las llamó hadas (porque creyó que había sido el destino, fatum, quien las había creado, y no él); y cada día se dedicaba a mezclar todo lo bello y alegre de su mundo, y por la noche, la figura blanca soplaba sobre la mezcla, creando así diferentes tipos de hadas...

Y cuenta la leyenda, que el alquimista no murió, cuando se sintió cansado de su mundo, sus criaturas, las hadas, le llevaron a su mundo, y crearon para él el laboratorio más completo, desde el que sigue llenando el mundo de hadas...

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado...

No quisiera marcharme sin desearos a todos vosotros una mágica y feliz noche de San Juan. La noche del fuego y del agua, en que las criaturas mágicas se mezclan con los mortales; cuando los sueños se hacen realidad porque que es la vida sino un sueño; cuando los sentimientos, las pasiones están a flor de piel y nos dejamos llevar por el deseo que inflama nuestro cuerpo, sintiéndonos eternos en ese glorioso momento. Disfrutadla.

6 comentarios:

Nicolás dijo...

Ah, sí recuerdo este. la verdad, todo lo que te dije de él en su momento es todo lo que podría decir. aún así, pienso que las cosas que se leen dos veces, siempre, aunque digan lo mismo, se sienten diferentes. es una muy linda historia. algo triste, sobre todo para el pobre alquimista, pero... ¿No pudo haber intentado hacer una piedra filosofal para él y su hija? me gustó mucho, la verdad sea dicha, tienes talento. y este me gustó más que los otros por poner, como era de esperarse, al alquimista. ¡sigue así que vas bienencaminada!
a propósito.... ¿Cómo hago si quiero ser seguidor de tu blog?

Nicolás dijo...

ah... ahora que releo bien, (sin prisas) el cuento, he encontrado sólo un error. ten cuidado con los tiempos verbales. dijiste que el alquimista había pasado su juventud hace años, y estás narrando en pasado, por lo tanto debería ser: Hacía años. así se puede hilar mejor.

jengibre dijo...

Me temo que tendré que repasar mi gramática ;P

¡¡¡¡¡eres mi primer seguidor!!!!!!

Muchas gracias....

Una preguntita ¿has encontrado fácil moverte por el blog?

Nicolás dijo...

bien, comenzaré respondiendo por aquí:
gracias por hacerme ver ese error de comprensión, ahora entiendo.... amor imposible es el amor no correspondido... gracias.
segundo, no creo que tengas mala gramática, sólo es la emmoción del momento que impide pensar con lucidez.... además, me ha ocurrido.
tercero: la música está muy buena, tengo queadmitir que Danny es muy bueno, y marca mejor el acompañamiento, (o por lo menos lo hace más notorio) que el viejo John.
Cuarto: la verdad, que sí, me es muy fácil movilizarme por el blog, es sencillo, y práctico, sobre todo para mí. buena elección.
y por último, gracias por la bienvenida, espero poder quedarme mucho tiempo por aquí. ah.... y los problemas con el ordenador, no, no se han solucionado, sólo los he echado hacia adelante, y he rebuscado una forma provisoria de poder entrar aquí.

Abedul dijo...

Que bpnita historia!!! y que suerte tener un corrector atento a los tiempos verbales....me encanta como escribes !!!! hasta pronto Begoña

jengibre dijo...

Hola Begoña.

Sí, la verdad es que es un lujo tener un corrector como Nicolás. Además es un excelente escritor (el diría que es un aprendiz de escritor) pero sobretodo un amigo.

No sabes lo mucho que me alegra que te guste esta historia. Es muy especial para mí. Es uno de los primeros cuentos que escribí y es como el primer amor o el primer beso, algo inolvidable.

Besitos de jengibre.

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