martes, 30 de junio de 2009

Alannah, el hada gris.




Hola a todos, queridos mortales que leéis estas pequeñas historias.

En mis múltiples viajes lejos de mi bosque natal, he conocido a muchos personajes, algunos curiosos o divertidos, otros trágicos, también gente malvada y desalmada; pero ninguno me impactó tanto como alguien a quien conocí en una pequeña ciudad, dentro de uno de los edificios más hermosos que he contemplado. Pero mejor dejo que sea ella la que os cuente su historia, disfrutadla…

Me llaman Alannah, el hada gris. No os diré mi nombre verdadero, ningún hada lo hará, si alguien lo supiera tendría poder sobre ella, la ataría a su destino, y las hadas han nacido para ser libres... a menos que alguna decida libremente renunciar... De todas maneras, mi nombre real hace siglos que se ha olvidado. Alannah es el nombre que me dio alguien muy querido, y siempre será mi nombre, aunque él ya no pueda decirlo.

Os sorprenderá mi color gris y mis alas de piedra, algo muy extraño en un hada, siempre tan coloridas y etéreas... Yo también fui una de esas hadas luminosas, hace tanto tiempo que casi lo he olvidado. Crecí en el valle de las hadas mariposa, y como todas mis hermanas, vestía los más bellos colores del arco iris... Y en mi juventud, me temo, era demasiado curiosa, demasiado rebelde y demasiado aventurera. Me aburría la vida diaria en el país de las hadas, y me moría por investigar y conocer en el mundo de los humanos. Las hadas más viejas y sabias me advertían de que nada bueno quedaba ya para nosotras en ese mundo, que los humanos habían dejado de creer en nosotras y que éramos invisibles a sus ojos... Pero a mí esos argumentos no me convencían, quería experimentarlo por mi misma...

Por eso una luminosa mañana, decidí volar lejos de mi país, y, por supuesto, terminé en vuestro mundo.

Me sentía muy feliz, todo era tan diferente de lo que había conocido hasta ahora... Ciudades estaban creciendo por doquier, se construían hermosos edificios de piedra, que sustituían a las cabañas de madera... Todo bullía de actividad... yo me sentía feliz. Sí que era verdad que nos habíamos vuelto invisibles, porque nadie reparó en mí, sólo parecían advertir mi presencia los animales que encontraban a mi paso, y quizás algún bebé, pero nadie más...

Durante mucho tiempo recorrí este mundo, siempre sin encontrarme a nadie que reparara en mi presencia.

Pero un frío día de invierno, en una pequeña ciudad del sur de Inglaterra, una ciudad en pleno crecimiento, me pasó algo que nunca creí posible. Un jovencito parecía verme, me quedé muy asombrada, y por la cara de sorpresa que él puso, creo que yo también lo dejé aturdido. Pero en seguida me habló, preguntándome quien era. Sé que lo más sensato habría sido marcharme de allí lo más rápido que me permitieran mis alas, pero había algo tan dulce y a la vez triste en sus ojos... y me temo que me pudo mi innata curiosidad.

Me explicó que era aprendiz de cantero, que su maestro trabajaba en la construcción de una nueva iglesia de piedra para reemplazar a la antigua que se había quemado en un incendio hacía unos años. Que su vida era un infierno, tenía que pasar 7 años de aprendizaje, antes de poder trabajar por su cuenta. Que su maestro era un hombre despiadado, que le hacía trabajar casi como si fuera un esclavo, porque era muy hábil, era capaz de captar miles de detalles y plasmarlos en la piedra, o en madera.

Nos hicimos muy amigos, él me bautizó con el nombre que ahora uso. Le encantaba que le contara mil historias del país de las hadas, y mientras le hablaba de el valle de las mariposas o de las hadas flores, él las iba creando, casi de la nada...

Pasaba el tiempo, yo, ya casi nunca regresaba a mi hogar, mis hermanas estaban muy preocupadas por mí, temiéndose lo peor, que quedara atrapada para siempre en ese mundo y me volviera tan fría como los mortales. Pero yo no les hacía caso, era muy feliz. Mi amigo terminó su aprendizaje, y gracias a su talento innato pronto fue progresando en la cofradía, y en poco tiempo se convirtió en maestro cantero de la nueva iglesia. Asombraba a todos los demás cofrades con sus figuras, que para los demás eran, evidentemente, fruto de una imaginación desbordaba. Y los bellos capiteles se iban poblando de seres bellos y extraños, que hacían de esa iglesia la más bella de la zona.

Desgraciadamente su rápido ascenso no fue igualmente celebrado por todos, como siempre suele pasar su talento despertó la envidia de otro cantero, que con más edad pero, menos talento, consideraba que debería haber obtenido el puesto. Por eso envenenó los oídos del obispo, lo acusó de brujería y de tratos con seres de las tinieblas, y que por eso esculpía esos seres del infierno...

En aquellos tiempos esa era una acusación muy seria, la inquisición tomó cartas en el asunto, y mi buen amigo fue prendido y procesado. Fue torturado, y aunque al final, todo el pueblo dio fe de su inocencia, los daños que le había causado en las manos, eran irreversibles... no podrían volver a crear esas maravillas...

Aquello fue demasiado para él, perdió las ganas de vivir, creía que ya nada merecía la pena... Yo intentaba consolarle y animarle, pero una parte de su alma murió cuando le privaron de su arte...
Sólo vivió unos meses, se fue apagando como una vela en medio de la tempestad... Ni siquiera pudo ver consagrada la obra a la que tanto había entregado... y que al final resultó ser su tumba.

Yo me sentía muy culpable, si no le hubiera contado mis historias, quizás no hubiera creado todos esos seres fantásticos, él seguiría vivo. Supongo que fue entonces cuando empecé a perder mis alegres colores... Y decidí que me quedaría allí, con él para siempre, cuidaría del lugar que él tanto había amado, y lo protegería para que las generaciones futuras pudieran conocer su arte.

Así fue como me fui convirtiendo en piedra, casi como una más de las estatuas de la iglesia... Y cada vez que la gente admira su obra, sé que mi sacrificio valía la pena...

Y a veces, un niño me ve, y le dice a sus padres: "papá, allí hay un hada", yo sonrío y pienso que quizás todavía hay esperanza para este mundo...

4 comentarios:

Nicolás dijo...

Estupendo, pienso que este cuento ha sido el mejor que has hecho además del nacimiento de las hadas, el ave fénix, y la dama de las estrellas... sinceramente, me gustó mucho... ¡Sigue así!
brillante.... sencillamente, brillante...

jengibre dijo...

Me alego que te guste, querido Nicolas.

Esta es una historia muy especial para mí...

Bienvenido de nuevo.

Nicolás dijo...

He tenido oportunidad de ver los cambios. La perla de sabiduría que más me gustó fue la de Oscar Wilde. ¡Sigue así!

jengibre dijo...

Oscar Wilde me gusta muchísimo por lo que seguramente habrá muchas más de sus famosas frases en ese apartado. Celebro que también te guste.

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