domingo, 22 de enero de 2012

La Dama de las estrellas 2ª parte.





La Dama de las estrellas fue uno de los primeros cuentos que escribí. Y también uno de los más especiales para mi. Es el primer cuento(propiamente) que publiqué en el blog. 
Y creo que es de ley que el primer cuento que publique este año sea su continuación. Quizás porque tras el largo parón que supuso el año pasado para este blog, esta entrada es como un nuevo comienzo. 

LA DAMA DE LAS ESTRELLAS 2ª PARTE. 


Encerrada en su torre de mármol la tristeza consumía a Deneb. La que antaño había sido la más bella y brillante de las hadas nocturnas se iba apagando. Sus hermanas estaba realmente preocupadas por ella, ¿y si la perdían para siempre?. Pero no podían hacer nada por ayudarla o consolarla. Desde su vuelta se había encerrado en la torre y no permitía que nadie la visitara. Ni siquiera dejaba a entrar a Noa, que era más que una amiga para ella. Al principio no le dieron demasiada importancia, creyeron que con el paso de los días el dolor remitiría y les dejaría entrar en la torre, pero no fue así. Lo que más las preocupaba era que las brillantes estrellas que cada noche salían de la torre, sembrando de luz el vacío, cada vez eran menos brillantes y numerosas. Y eso no era una buena señal.
Noa no estaba dispuesta a perderla sin luchar. Acudió al Alquimista en busca de consejo y ayuda. Le explicó todo lo que sucedía y éste, que una vez fue mortal y sintió la gloria y el dolor que sólo el amor puede causar, supo a ciencia cierta que era lo que consumía la vida de Deneb. 
Y él, que no solía abandonar su laboratorio en el corazón del país de las hadas, acompañó a Noa a las montañas de la luna, para hablar con ella. Tenía que verla, hablar con ella, para poder encontrar un remedio a su dolor y su pena.
Pero Deneb no quería ver a nadie. Sólo accedió a recibirlos cuando el Alquimista le habló desde la base de la torre. Y ella no pudo negarse a recibir a aquel a quien tanto debían todas las hadas. Intentó componerse lo mejor que pudo, pero nada podía disimular sus ojeras, ni la tristeza de su alma. Trató de dibujar una sonrisa cuando vio llegar a su querida Noa, pero ¡había olvidado sonreír!. A Noa casi se le rompió el corazón al verla, corrió a abrazarla, a consolarla. Le repetía que todo iría bien. Deneb se dejó abrazar y consolar. Y por primera sintió que el nudo que había en su alma empezaba a aflojarse. Y notó como las palabras empezaban a salir como un torrente. Les contó todo lo que había pasado. Su encuentro con el joven en aquel claro del bosque y como su corazón sintió algo nuevo y extraño para ella, pero tan cálido y bello que se dejó llevar. También les habló del horror al ver el rostro desfigurado de su amante. Del dolor y la culpa de saberse la causa de su desgracia. Por eso había vuelto y se había encerrado en la torre. Por que su amor sólo servía para herir al ser al que amaba. Por eso estaba mejor sola. No quería volver a dañar a nadie más.
Noa no daba crédito a lo que oía. Deneb era la persona más buena y dulce que conocía. Y se rebeló contra su amiga por pensar eso.
El Alquimista había permanecido en silencio mientras Deneb hablaba, pero en su mente había surgido una idea. Conseguiría una poción que "enfriara" el brillo del hada. Perdería su brillo y luminosidad pero podría estar junto a su amado, si así lo deseaba.
La vida volvió a Deneb al escuchar las palabras de su creador. Recuperó la sonrisa y las lágrimas desaparecieron de su rostro. Bebió de un sorbo la poción, sintiendo como desde el primer sorbo el hielo apagaba su fuego y su brillo interior. Por un segundo sintió un poco de tristeza por todas esas estrellas que ya nunca surgirían, pero al recordar la dulzura de aquel beso, supo que hacía lo correcto.
Le dió las gracias al Alquimista y abrazó a Noa, que se resistía a dejarla partir. Entre ellas sobraban las palabras. Sabía lo mucho que le debía. Pero ahora debía marcharse. Debía buscar a aquel a quien tanto amaba. Debía saber si él seguía sintiendo lo mismo.



2 comentarios:

Adivín Serafín dijo...

Ese alquimista te puede dar para mucho. Me ha encantado.

Saludos

jengibre dijo...

Hola Adivín!!!!

Ni te imaginas lo importante que tu opinión es para mí...
Me ha costado mucho volver a escribir... he descubierto que el dolor y la pena me bloquean la creatividad. Pero aquí estoy de nuevo, dispuesta a seguir escribiendo y apendiendo...

El alquimista ha aparecido en varios de los cuentos. Él creó a las primeras hadas a semejanza de la hija a la que perdió... Es el centro y el alma del país. Y mi idea es que sea el hilo conductor que una todos los cuentos de hadas...

Muchísimas gracias y besitos de jengibre.

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