domingo, 17 de julio de 2011

Rinconcito poético XX




Amor constante más allá de la muerte. (Francisco de Quevedo)

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

4 comentarios:

Adivín Serafín dijo...

Quevedo fue un profeta de su tiempo para las letras en lengua española.Su ingenio y su capacidad para hacer llegar sus palabras hasta nuestros tiempos lo hacen universal.

Blogsaludos

jengibre dijo...

Hola Adivín.

Quevedo era un escritor genial en una época dorada de nuestras letras. Su lengua era más afilada que una espada y utilizaba con maestría el lenguaje... en definitiva, un mago de las palabras.

Besitos de jengibre.

Canoso dijo...

Te he comentado alguna vez que me gusta leer en voz alta? este soneto es genial para hacerlo.

Besos

jengibre. dijo...

Creo que alguna vez lo habías comentado... Y coincido contigo, es un soneto precioso, una muestra de la maestría con que Quevedo manejaba el lenguaje.

Besitos de jengibre.

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