jueves, 9 de julio de 2009

La Sirena


Nací en una pequeña aldea de pescadores, junto al Cantábrico, en un lugar mágico donde se juntan el cielo, la tierra y el mar. Mi padre era pescador, tenía un pequeño barquito con el que cada día se hacía a la mar para poder mantenernos. Mis primeros recuerdos están ligados a esa playa y al mar, pasaba más tiempo allí, jugando con las olas, y buscando conchas... Me gustaba tanto estar allí, que muchos días me escapaba de la escuela, sólo por pasarme las horas en la playa... Mi madre estaba un poco preocupada, y me castigaba, pero mi padre me comprendía muy bien, y le decía a mamá que yo había nacido con el mar en las venas, lo mismo que le pasaba a él, que cuando había mala mar y no podía salir, estaba como ausente...

Así fui creciendo, y por desgracia, llegó un tiempo en que tuve que dejar mi aldea, tenía que irme a una ciudad a estudiar, una ciudad cercana pero situada tierra adentro, lejos de mi playa... De nada me sirvieron mis argumentos ni los lloros, mi madre no quería que me quedara anclada en esa vida de miseria, quería que estudiara y que progresara y tuviera lo que ella pensaba que sería un futuro mejor. Me marché una mañana de otoño, con el sol sembrando de diamantes la superficie del mar, una imagen que quería conservar en mi memoria, para siempre.

Los años que pasé allí fueron muy tristes, y me temo que bastante baldíos, sólo soñaba con volver a mi playa, a mi mar... Me pasaba las horas muertas dibujándola, con el mar en calma, en días de tormenta con el mar embravecido, los peligrosos acantilados…

Hasta que ya no pude más y me escapé de casa de mis tíos, sólo cogí una pequeña mochila, mis libretas de dibujo y los lápices de colores, y un pequeño mapa que robé de la biblioteca del colegio.
No me asustaba nada, ni la larga caminata, ni pasar la noche al raso. Sí, supongo que era un poco inconsciente, pero era joven y quería volver al lugar al que pertenecía. Tardé tres días en llegar a mi playa... y esta vez no me marcharía de allí. Era una clara noche de luna llena, una hermosa noche de primavera, el mar estaba en calma como invitándome a unirme con él... dejé todas mis cosas en la orilla y no me lo pensé dos veces, me sumergí en ese mar tranquilo, sintiendo una paz y una extraña calma dentro de mí... Nadé más y más lejos, más allá del horizonte, hasta que empecé a cansarme, y entonces las vi, no podía creerlo eran sirenas, las criaturas más bellas que jamás había visto. Ellas me llevaron hasta el fondo, donde tienen su morada en palacios de coral...

Ahora soy una más de ellas, y nunca he sido más feliz. Las claras noches de luna llena salgo a la superficie, y nado hasta una playa, donde cada noche una pareja de ancianos miran hacia el mar, como si esperaran que les devolviera algo muy querido...."


2 comentarios:

Nicolás dijo...

Buenos días amiga, hoy me gustó este cuento. Aunque me dejó la sensación de que falta mucho más. ¿Me equivoco? ¿Son los ancianos que miran el mar los mismos que había en el restorant del hotel de James?
Poco te puedo decir, has mejorado bastante, sin ofender, no usas la repetición de palabras, lo cual hace más fresca la lectura. Los rtiempos están bien... Y déjame hacerte un cumplido, muy buena descripción, no sólo de lugares, sino, de sensaciones, emociones, pensamientos y sentimientos. ¡Continúa así que vas bienencaminada! O por lo menos eso me parece, es sólo una humilde opinión de un apasionado por la literatura. Pero desde mi punto de vista, objetivo, y crudamente sincero, vas bien.

jengibre dijo...

Hola de nuevo Nicolas.
No, los ancianos de la historia son los padres de la niña, convertida en sirena.
Al irse con las sirenas olvida todo su pasado, su tierra y, por supuesto, a sus padres. Pero no puede evitar el nadar hasta la que había sido su playa, no sabe porque pero ha de hacerlo, así ve a sus padres, pero ha olvidado que lo son.

Celebro que te guste este pequeño cuento. me gustan mucho las sirenas y es un cuento especial para mí...

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