miércoles, 29 de julio de 2009

El corazón compartido (2ª parte)


La vida en el bosque seguía su curso, el invierno había tomado el relevo de un otoño dorado y luminoso, la nieve cubría con su blanco manto toda la comarca, dándole al bosque un aspecto casi de cuento de hadas, pero un frío glacial lo hacía menos idílico y más real.
Molly estaba encantada con su inesperado ayudante. Le gustaba tenerlo a su lado, era un joven muy inteligente y tenía una sed de conocimientos casi infinita; en el tiempo que llevaba viviendo con ella casi había absorbido todos sus conocimientos; cierto era que había perdido algo de su independencia, pero lo había ganado con su amena compañía. Pero últimamente lo notaba como distraído, llevaba ya algunos meses en el bosque, desde que aquel desagradable incidente con aquella chica, del que tuvo que salir huyendo y dejar sus estudios de astronomía; él no decía nada, pero ella intuía que echaba de menos sus clases y sus cálculos. Todas las noches salía al claro para observar las estrellas, ni el frío intenso ni la nevada le hacían desistir de salir.
Una noche en que el frío era más intenso que de costumbre, divisó un pequeño bulto en medio del claro. Le pareció un animalito muerto de frío, pero al acercarse descubrió que se trataba de una joven, seguramente se habría perdido y se quedó dormida. Al acercarse descubrió que a pesar de estar helada, todavía respiraba, así que no perdió tiempo, se quitó su abrigo y la cubrió con el, y cogiéndola en sus brazos, la llevó a la cabaña.
Cuando llegaron a la cabaña, la anciana curandera no perdió el tiempo con preguntas, con una rapidez casi imposible en una persona de su edad, avivó el fuego, preparó mantas para abrigarla y empezó a preparar una infusión para combatir el estado de congelación de la muchacha. Indicó a su ayudante que le quitara la ropa mojada, que la cubriera con las mantas y la acostara en el camastro. También le indicó un frasquito en lo alto de una alacena, y le pidió que le diera unas friegas con el líquido que contenía, para hacerla entrar en calor lo más rápido posible.
La aterida muchacha poco a poco fue recobrando el conocimiento, y al despertar y ver que estaba en una habitación cálida y rodeada de cuidados hizo algo totalmente inesperado, por lo menos para sus benefactores, rompió a llorar desconsoladamente. Entre sollozos pedía que la devolvieran al bosque, que solo quisiera dormirse y no despertar y que ya no tenía ni fuerzas ni ganas de seguir adelante.
Él no sabía que hacer, habría sentido una pena inmensa por esa joven perdida e indefensa que quería morir, pero claro… no tenía corazón; por eso hizo lo que había visto a hacer a su madre cuando alguna de sus hermanas lloraba, la abrazó y le acarició el pelo. Consiguió tranquilizarla, le secó las lágrimas que mojaban sus mejillas y le pidió que se bebiera la infusión que la anciana le había preparado. Ella dudó un momento, pero algo en la mirada de ese extraño joven le tranquilizaba, se bebió todo el líquido, que sorprendentemente tenía un sabor dulzón y agradable, y volvió a dormirse casi en el acto, pues el bebedizo que la hechicera le había dado contenía semillas de amapola, uno de los somníferos más fuertes que conocía.
Al día siguiente, el joven se dedicó a vigilar y cuidar a su protegida. Molly se había marchado al pueblo para atender un parto y de paso indagar quien era esa chica, si tenía familia y alguien la estaba buscando.
Al despertar, el joven le preguntó solícito como se encontraba. Ella lo miró, en intentando incorporarse le preguntó porque no la había dejado donde la encontró. Le dijo que cuando llego al bosque, buscó un el lugar más apartado, un lugar donde nadie la encontrara nunca, y cuando descubrió el claro, le pareció un bello lugar para descansar. Se quedó dormida enseguida, ya no sentía frío, ni hambre, ni siquiera miedo; tenía un sueño tan hermoso y feliz como nunca lo había sido su vida, que no quería despertarse nunca, solo quería formar parte de ese sueño para siempre.
Le habló de su triste vida, su madre trabajaba de criada para una rica familia, nunca supo quien era su padre. Al saberse que estaba embarazada sus señores la echaron de casa por inmoral, pues era una joven soltera. Por eso, en cuanto nació la abandonó a su suerte. La recogieron unas monjitas que la cuidaron y le enseñaron cosas útiles para una joven huérfana, es decir a cocinar, coser y planchar. Las monjitas eran muy buenas con ella y fueron los únicos años felices en su vida. Al cumplir los 14 años le consiguieron un trabajo en una buena casa, como ayudante de la cocinera. Allí vivió un infierno, la cocinera era una mujer amargada e iracunda que la hacía trabajar en jornadas de 20 horas, sin apenas descanso y que además la maltrataba siempre que tenía ocasión, sin ningún motivo. Las cosas fueron a peor cuando la cocinera enfermó y ella paso a hacerse cargo de sus tareas, demostrando ser mejor cocinera que ella. Los señores la alabaron y la nombraron cocinera y degradaron a la anterior a ayudante. Desde ese momento conspiró contra ella hasta lograr que la despidieran por ladrona, al esconder entre sus escasas pertenencias una valiosa alhaja de su señora. Tan grave era la acusación que nadie le quería dar trabajo, desesperada volvió al convento donde se crió, llegó tan desnutrida y enferma que las monjitas se compadecieron de ella y la acogieron. Su estado de salud era tan delicado que temieron por su vida y avisaron a un joven doctor que vivía en el pueblo. El doctor se interesó por la historia de su paciente, se sintió apenado por ella y quiso ayudarla de alguna manera, necesitaba una enfermera para el consultorio y creía que esa joven sería perfecta. Así fue como una vez repuesta dejó el convento para trabajar en la consulta del doctor. Demostró ser una enfermera muy competente; los niños la adoraban, les contaba historias que los entretenían mientras los examinaban y se olvidaban de llorar. Conforme pasaban los meses el doctor se fue dando cuenta que se estaba enamorando de su enfermera, decidió pedirle que se casara con él, pero antes decidió escribir a sus padres, que vivían en la capital, contándole sus intenciones de contraer matrimonio. Su familia se alegró mucho de que su hijo hubiera decidido formar una familia, así que se presentaron en casa de su hijo con intención de conocer a la afortunada joven que había conquistado su corazón. Eran acomodados burgueses que pensaban que su futura nuera sería alguien adecuado a su nivel, pero cuando supieron que era una huérfana recogida por unas monjas, sin ninguna posición social, se opusieron frontalmente a la boda. Amenazaron con desheredarlo si contraía matrimonio sin su consentimiento. En un principio, el se mantuvo firme, le juró que su amor era eterno, pero cuando vio que su padre le suspendía su asignación y que los pacientes de recursos le daban la espalda, decidió abandonarla a su suerte, sin ni siquiera una despedida. Le rompió el corazón y por eso decidió dejar de sufrir para siempre.
Al acabar su historia, las lágrimas volvían a inundar su cara.
No quiero que sientas lástima por mí –le dijo entre lágrimas.
Tranquila, no siento lástima… de hecho no puedo sentir nada, yo no tengo corazón… -le respondió.
Ojalá yo no lo tuviera, es mejor no tener corazón que tenerlo roto –aseguró ella.
El le contó su historia, le habló lo mucho que le gustaría poder sentir algo, ser como los demás, reír y llorar, pero eso solo sería posible si alguien le cediera una parte de su corazón.
La muchacha sonrió por primera vez desde que llegó a la cabaña, se acercó a su salvador, le besó en la mejilla y le ofreció su corazón.

2 comentarios:

Nicolás dijo...

¿Final abierto? Nunca lo habías hecho, y no obstante, te ha quedado bastante bien. "Tu tesoro estará en donde esté tu corazón." Intyeresante, muy tierno y muy bello... Si no te ríes te cuento algo... Me has hecho llorar. Pero tengo una duda... Si la bella muchacha le dio su corazón... o parte de él... ¿No siguió sufriendo por tener yherido el corazón? O... ¿Esta historia continuará?
Sigue así que vas bien, mucha coherencia, mucha coeheción, mucha creeatividad, buena redacción, genial narrativa. Deberías profundizar en lo que atañe a descripción, sería más bonito y más florido. Aunque así está perfecto... Lo único, trata de reemplazar por pronombres... es decir... Cuando hablas de que los padres querían que su hijo estuviera casado con una joven de buena posición, luego dices que los padres fueron a la casa de su hijo... Allí hay una repetición inecesaria, si ya estábamos hablando del hijo... sería muy redundante volver a escribirlo... podrías usar: "Fuerzon a su csa". O en todo caso: "Fueron a la casa del joven doctor". Otra podría ser: "Fueron a casa del prometido médico". Pero, si tomamos en consideración todos los factores positivos, se puede afirmar, que ese último errorcito no tiene importancia. ¡Sigue así! Oh, y ya sabéis, aquí espero una nueva entrega de los cuentos de mi hada favorita.

Anónimo dijo...

hola, buenas tardes y bienvenido de nuevo a mi pequeño reino de fantasía.
No, no es un final abierto, la historia continúa, pero olvidé ponerlo, ya sabes que soy un hada un tanto despistada.
La muchacha decide regalarle una parte de su roto corazón, porque de esa manera el podrá tener lo que tanto desea, sentir como todos los demás, y de esa manera su dolor habrá servido para algo bueno... pero tendrás que esperar unos días para conocer el resto de la historia... ;P

No te preocupes, no voy a reírme porque te haya emocionado mi relato, ahora la que llorará seré yo. ;D

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