lunes, 26 de octubre de 2009

Isolda (cuarta parte)

Ese verano fue el más triste de su corta vida. La ciudad era un auténtico polvorín, revueltas obreras, bombas, quema de fábricas. Sus abuelos decidieron dejar la ciudad y pasar el verano lejos de los disturbios. Y puesto que en Septiembre Isolda debía empezar en su nuevo colegio, decidieron pasar el verano en Londres. A su hija y a su nieta les vendría bien un cambio de aires para mitigar su dolor. Así, la pobre niña apenas tuvo tiempo para despedirse de sus antiguos compañeros de juegos, pero casi lo prefería, no le gustaban las despedidas, y esta era particularmente difícil. Sólo se despidió de Manuel. Esa última noche se escaparon y la pasaron en la playa, mirando al mar. La luna llena brillaba en lo alto, sembrando pequeños diamantes de luz en la tranquila quietud del mar. No hablaban, No necesitaban las palabras, que por otro lado se quedaban pequeñas para expresar la pena que ambos sentían. Así estuvieron hasta el amanecer, había llegado el momento de la temida despedida. Isolda sintió que las fuerzas le abandonaban, resultaba curioso ella que siempre había sido la fuerte, la que ayudara o defendiera a Manuel, era ahora incapaz incluso de mantenerse de pie. Él la abrazó y le prometió que pasara lo que pasara el iría a buscarla. Construiría el mejor barco y surcarían los siete mares, buscando aventuras como siempre habían soñado. Y atravesarían el arco iris y llegarían a una tierra donde nada ni nadie pudiera separarlos. Se agachó, y de la arena cogió una pequeña concha para ella, para que nunca se olvidara de esa noche ni de su promesa. Volvieron al palacete en silencio, y al llegar a la puerta, Isolda incapaz de retener las lágrimas que le quemaban en los ojos ni un segundo más, volvió a abrazarlo por última vez, le beso suavemente en la mejilla y se marchó corriendo a su habitación. Nada más cerrar la puerta se derrumbó llorando desconsoladamente sobre la cama.
Isolda apenas recordaba el largo viaje a su nuevo destino. Iba como uno de esos muñecos llamados autómatas, que tiempo atrás su padre le había llevado a ver. Se movía sin voluntad propia; pero al llegar a Londres algo en ella cambió. A pesar que era una mañana fría y lluviosa, más propia del otoño que del verano en el que se encontraban, la niña sintió de repente ganas de conocer todos los rincones de la ciudad. Siempre había deseado visitarla, Elaine siempre le hablaba de de ella, de la hermosa catedral de Westminster, del cambio de guardia en el palacio real y de su famoso Big Ben. Recordó las veces que le había pedido a su padre que la llevara con él cada vez que sus negocios le llevaban a la capital del imperio británico, y él siempre le decía que todavía era pequeña, que la llevaría cuando fuera una señorita, así podrían ir al teatro, la llevaría al Covent Garden para ver La Traviata, su ópera favorita. Ahora ella estaba allí, pero él ya no podría guiarla por las calles que tan bien conocía y amaba. Sintió una punzada en el corazón, pero no sabría explicar por qué, sabía que allí, en esa ciudad tan amada por su padre, ella sería feliz. Y esa idea le animó. No sabía que le esperaba a partir de ahora, sería una gran aventura… y ella siempre había querido vivir una.
Los días pasaban muy rápidos, había muchas cosas que hacer. Tenía que comprar el material para su nuevo colegio, y de paso renovar su vestuario con las últimas tendencias de París. También fueron a ver una obra de teatro que le gustó muchísimo, iba sobre un niño que no quería crecer y que vivía grandes aventuras en un país llamado Nunca Jamás.
Y así, casi sin darse cuenta llegó el momento de ir al internado. Su madre le había explicado que estaba situado en un lugar muy bonito de la costa de Cornualles, al lado del mar. Era una enorme mansión de estilo Tudor, con cuatro torreones de aspecto impresionante. Le aseguró que lo pasaría muy bien, porque además de las clases el colegio contaba con muchas actividades deportivas, podría jugar a cricket, montar a caballo o incluso a un moderno juego llamado tenis que estaba causando furor entre lo mejor de la sociedad. Ella asentía, daba igual lo que ella dijera, la decisión había sido tomada mucho tiempo antes y no serviría de nada decir que no deseaba ir allí, que prefería quedarse en Londres.
Al día siguiente la acompañaron al colegio. Tanto sus abuelos como su madre estaban rebosantes de alegría y orgullo, y ella se sentía esperanzada. "Quizás", se decía, "ella tenga razón y lo pase bien. Domino el idioma y Elaine fueuna maestra excepcional." Al llegar el aspecto del edificio le intimidó, realmente era impresionante. Se sintió pequeña y solitaria. A su lado otras niñas se despedían de sus familias, vestidas con el uniforme del colegio y esos sombreritos ridículos que llevaban. Se saludaban unas a otras, con alegría y se contaban sus aventuras veraniegas. Seguramente llevaban más tiempo en el colegio. Se sintió muy sola, algo que nunca había sentido, siempre con su inseparable compañero. Intentó acercarse a una de ellas, pero ésta la ignoró y siguió adelante, mirándola de reojo. Isolda sintió ganas de darle un buen puñetazo, pero pensó que empezar el primer día con una pelea no era la mejor manera de hacer amigos.

7 comentarios:

Nicolás dijo...

Soberbio, excepcional, magnífico, espectacular, se me están acabando los adjetivos calificativos para describir la historia. Es una perla, veo que te estás superando a tí misma en cada uno de tus cuentos y relatos y eso es importantísimo. No puedo decir más... las palabras mundanas son demasiado toscas para poder expresar ahora mismo, la admiración que siento por vuestro nuevo cuento.
La historia se vuelve interesante y me dan ganas, necesidad, de leer más... ¡Sigue así y nunca dejes de escribir! Es tan bello ver una perla de luz en el mundo....

¡Elen sila lumenn omentielmpo!

jengibre dijo...

¡¡¡me alegro de verte de nuevo por aquí, amigo Nicolás!!!

Me alegro que te guste. Aunque digo lo de siempre, creo que exageras. Cierto que con cada uno de los relatos que escribo voy aprendiendo, todavía me queda mucho camino por recorrer.

Pero tranquilo, no dejaré de escribir. Esto me está gustando mucho más de lo que creía. Sé que solo es un pequeño entretenimiento, que nunca me dedicaré a esto. Pero me sirve para mantenerme animada en los malos momentos.

Lo dicho, bienvenido por este pequeño rincón.

"Que la magia de las hadas te acompañe siempre."

Namarië.

Nicolás dijo...

OH, al contrario. El placer es mío por poder estar aquí. En el desierto seco de las emociones y los sentimientos, encontrar un lugar como este, en el que se prioriza el amor, es una gota de agua. Creo que es un gran bien, ya que es poner algo que vale la pena en la red de redes.
Sí, tienes razón, soy un exagerado. En cierta ocasión casi llamo a la guardia civil porque una amiga no asistió a una clase de literatura... (el taller de los jueves), así que ya estás acostumbrado a mis exageraciones y delirios. XD Pero tienes que saber que, más o menos exagerado, estás mejorando mucho y tu labor es excepcional.
Y ¿quién sabe? La vida tiene muchas vueltas, y si bien ahora es un entretenimiento, puede que hagas mucho más con tus cuentos. Recuerda que con esto estás iluminando, con un farol de esperanza, la vida de las personas que leen tus historias. Sé que yo soy el primero que habla de la técnica, pero el verdadero artista es artista desde el corazón. Lo que no está hecho con amor y fervor, no tiene validez. Antes de aprender técnica, ortografía, y esas cosas se debe tener un corazón abierto, puro, sincero contigo misma, y dejarse llevar por la magia del amor. Tú haces eso, y por eso tus cuentos tiene la calidad y son tan especiales como son. Hay gente que cree que por saber las reglas gramaticales y tener buena sintacsis ya son Cervántez, y se olvidan de lo escencial, que es hacer las cosas con gusto y cariño.
Por eso, tienes lo que se necesita y eso es lo primordial. Por eso, a pesar de ser un poco exagerado, trato de ser honesto y sincero con lo que pienso y allí está el resultado. Pienso que lo estás consiguiendo gracias a que tienes la capacidad, que hoy escasea, de hablar sin temores y de poner parte de tu corazón en tus obras.
Por eso, no queda más que aplaudir y proponer tres urras...
... Sigo aplaudiendo, felicitaciones.

jengibre dijo...

No, si yo te lo agradezco de verdad. ES esto lo que me anima a seguir adelante y no dejar de escribir.
Aunque llevo un tiempo que tenía esto un poco abandonado. He descubierto que escribir es el mejor antídoto para superar la inquietud de estos días. Por eso intentaré publicar algo más seguido.

Namarië.

Los Fantasmas del Paraíso dijo...

Mejor tarde que nunca, que dicen.

Interesante... Creo que un día de estos leeré la historia desde el principio, tiene un "algo" especial que la une y que se diluye un poco al leerla por separado. Me gusta ver la evolución de los personajes.

Lo dicho, cuando esté completo será una proeza.

jengibre dijo...

Bienvenido de nuevo amigo Fantasmas.

Me temo que este no ha sido mi mejor mes...

Pero ahora creo que la historia avazará más rápidamente. Creo que sólo le quedan un par de entradas más. Quiero dejarla terminada antes de mitad de Noviembre, por lo que pueda pasar.

Sí quieres la versión "íntegra" del cuento (de las cuatro partes que hay publicadas) puedo hacértela llegar por mail. Así podrías leerla tranquilamente.

Y más que una proeza, terminarla será casi un milagro. XDDD

Los Fantasmas del Paraíso dijo...

No te preocupes, no hace falta, que me las arreglo con la "versión publicada". Gracias de todas formas.

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